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La cultura del amor a uno mismo que domina en la sociedad occidental desconoce la fisonomÃa constitutiva de la alteridad para el dinamismo en que se expresa la verdad de la vida personal: la búsqueda de sÃ. En el ámbito de la experiencia religiosa, este desconocimiento genera una pragmática emocional que, en la vida de no pocos cristianos, abre una distancia cada vez mayor entre la confesión y la vivencia de la fe.
Este ensayo invita al creyente a repensar en Cristo la vitalidad de su fe, en sintonÃa con el Ãntimo vÃnculo que existe entre la constitución relacional de su vida personal como búsqueda de sà y el don divino de la filiación. Para ello, propone a la teologÃa de la fe la empatÃa: una potencia fundamental del psiquismo humano que permite reconocer que la realización de la identidad del hombre como ser en relación lleva inscrita en sÃ, sin ser violentada, la apertura a Aquel que se deja recibir y reconocer como el Trascendente personal.