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Los cuentos recogidos en Misántropos de ébano y otros relatos son refulgencias y amargas sátiras en las vidas de varias generaciones de la familia Fotabong, derechohabientes de un ancestro común. Como testigos del fluir de los tiempos, los Fotabong conocieron la violencia, el amor, el desamor y las flagrantes delicias de la concupiscencia y la mentira. A guisa de acrecentar su información sobre los Fotabong, puede el lector referirse al material consignado en la caja fuerte del director del Centro Cultural Africano en Mandji, que en su dÃa fue robado por parroquianos del RÃo Benito disfrazados de franciscanos congoleños; quienes intentaron, sin éxito, vender viejos calcos de folios sueltos para los archivos de la Misión de Cabo San Juan. También resulta de legajos en el barrio de Lea, y en la Biblioteca Provincial Papá Bakabo de Luba Sancarlista, datos caracterÃsticos en los Fotabong: y es que si bien unos se enamoran fácilmente, algunos desaparecen como el soplo, sin dejar rastro, y todos paren como cabras: una sola crÃa. La excepción fue Luzmila, quien no tuvo descendencia. DÃcese que sobre el guitarrista de la familia cayó una centella de feromonas y compuso canciones fenomenales. Los Fotabong son asÃ, besucones, bienhechores, domadores de nalgas, cobardes, protervos y misántropos; todos entran en una familia, apretujados, pero la abarcan. Porque una sola generación no es lo bastante longeva, lúcida ni noble y objetiva, como para dejar en abolengo la savia de la existencia humana.